Si usted se ha montado en un bus, y no le ha pasado nada
para reírse, le comento ¡No ha vivido!
Tiene 3 posibilidades:
1. Que pase de largo, o sea, sea usted lo suficientemente
invisible para que el chofer no lo vea y no frene.
2. Que efectivamente el bus frene, pero venga llenísimo, que
salga la gente por las ventanas.
3. Ser muy de buenas, y que por conspiración divina, una
mezcla de Mayas, chamanes, conjuros, usted logre irse sentado.
Queridos asalariados buseteros (porque los que montamos en
bus somos asalariados, o mantenidos en su defecto… Dudo que un rico se monte a
un bus para experimentar el toque toque, comprar el ‘maní pegao’ y las
cartillas de sopa de letras) analicemos:
No hay nada más cansón que esperar un bus, y si es de esos
que pasa cada hora ¡Peor!
Pero más cansón, traumante, y que lo pone a pensar en el fin
de su existencia en este mundo, es que el bus se le pase. ¿Por qué? O fue lo
bastante lento para estirar la mano y marcar la parada, o el chofer ya tiene
mucha plata y no le interesa un pasaje más, es decir, su plata no vale, o,
lamento informarle que usted divaga por la vida siendo invisible.
No hay “deporte” que iguale al de montarse a un bus lleno a
las 6:00pm. El primer reto: Pasar el torniquete. Si usted logra esto, vamos bien, siéntase feliz,
pues ya no saldrá herido por quedar en la puerta del bus con medio cuerpo
afuera.
Segundo reto: Desfilar por aquel estrecho camino, lleno de
obstáculos. Sí, efectivamente, caminar por ese pasillo entre las sillas,
pasillo repleto de gente (gente que huele a de todo un poco) y lograr un
medianamente adecuado sitio para estar. Si usted logra pasar dicho pasillo sin toque
toque y sin pisar a nadie ¡Mis respetos!
Tercer reto: Después de estar ubicado, lo primero es lograr
ver por donde va, si lo logra, el paso siguiente es caminar hasta aquel punto
en el que se encuentra su libertad, la puerta.
Llega usted a la puerta… respire profundo, extienda su
brazo, toque el timbre ¡Piiiii! Aquí tiene varias posibilidades:
1.
Tocar el timbre, el chofer sea lo
suficientemente efectivo y frene de inmediato, pero aquel freno viene con
acción-reacción, usted termina abrazando a quien va a su lado.
2.
Tocar el timbre, tocar el timbre, tocar el
timbre… Y allí viene el grito ¡Seeeeeñooooooooor! Otros lo acompañan con
ciertas palabras como hijo de fulana.
3.
Si no hay
timbre, usted posee problemas. Aliste su garganta para ¡Me deja en la
esquinaaaaa! Lo más probable es que jamás lo deje en esa esquina, aquí viene el
siguiente grito, mucho más potente que el anterior, ¡Señooooooooooor en laaa
esquiiinaaa le diiiijeeee!
Cabe destacar: Al bajar, revise sus
pertenencias, pues en tal odisea, usted puede quedar sin celular, billetera,
etc.
Y por último: Si pertenece a la minoría afortunada, aquella
que tiene pacto con Mayas, constelaciones, etc, y logra irse sentado, no sea
tan mala clase y ceda el puesto a los ancianos y embarazadas (aunque hay
mujeres que no se sabe si son rellenitas o están embarazadas, los entiendo), y
claro, colabore con las carpetas, bolsas, y demás, que no todos somos
malabaristas ni equilibristas para poder apoyarse con una mano, sostener lo que
lleva con la otra, y ante todo, proteger sus pertenencias.
Ahh, y si ve una niña linda de pie, no le dé el puesto sólo
por eso, a su alrededor seguramente hay una señora que de verdad necesita el
lugar, ¡No sea iluso! la joven no le dará el número de celular, pin, o lo que
sea, sólo porque usted se sintió con el ‘feeling’ de parecer caballero.
Lea, comente y recomiende estas historias si se siente
identificado. Es la primera, pero no la última.

Me ha podido reir con estas historias jajajajajajajajaa Tenes el don mujer, lo tenes.
ResponderEliminarSolo puedo decir "ESPECTACULAR"!!! Que talento el que tienes.
ResponderEliminarReflexion: pense q aquello del toque toque solo era para el futbol o cuando ibamos a las disco en el colegio o Universidad.... Buenisimo.
No lo había visto... pero esta bueno.
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