Paco, vivía en la casa 8, un
hogar amplío y cómodo. Él, tenía su propia habitación, su baño, adoraba su confortable cama, pero ante
todo, amaba su pequeña ventana, sí, su ventana. Amaba ese espacio de 1x1,
porque a través de ella, veía a su amor, Lola.
Aquella dulce creación, para
él, perfecta; blanca, hermosa, con lazos en sus cabellos y bien peinada, sus
uñas perfectamente pintadas y un porte inigualable al caminar. Cómo amaba Paco
ver por su ventana el contoneo de Lola.
Ella, por su parte, cada
tarde a eso de las 6:00pm, se asomaba a su propia ventana, la ventana de la
casa 7, una casa rosa, llena de feminidad y coquetería, de peluches y flores,
la casa de una 'princesita'.
Cada tarde, veía a su adorado
Paco, un valiente caballero, eso de lejos se identificaba, jamás abandonaba su
corbatín, oloroso y bien puesto siempre salía, todas las miradas se centraban
en él, todas se morían por él, pero él, sólo moría por una, Lola.
Todos los días, desde aquél
martes en el que Paco se atrevió a hablarle a Lola para invitarla a salir, se
encontraban en el parque a las 7:00pm, paseaban de la mano, miradas y más
miradas, corrían alrededor de los árboles, caminaban entre los jazmines como un
par de enamorados, para al final, tenderse en el césped a contemplar las estrellas.
-Cada
día luces más hermosa. Decía Paco al cruzar la puerta de la casa
8, porque eso sí, él debía buscar a su damisela.
Ella, sonrojada decía
-Tú
luces muy bien, con razón todas te miran, eres encantador. Y
como quien no quisiera, reposa su cabeza en él.
-
Todas me miran, pero yo sólo miro a una, y soy afortunado al tenerla justo
ahora a mi lado. Decía entre dientes, mientras paseaba sus
dedos en aquella hermosa cabellera de su amor.
Un día cualquiera, Paco
cumpliendo su cita en la ventana y preocupado por la tardanza de Lola, vio como
la llevaban en brazos, ella no abría sus bellos ojos, estaba inmóvil.
De inmediato, salió en busca
de respuestas, debía saber que tenía su amada, qué le había sucedido; sólo supo
que se encontraba enferma, estaba delicada de salud, no sabía más, ¿Qué tenía?
¿Sería grave? ¿Sobreviviría?
Lo que si tuvo, fueron 3
noches de insomnio e incertidumbre, le resultaba imposible dormir sabiendo que
la dueña de su corazón no estaba, 3 días sin verla, para él, era el fin.
-
Sin ella no puedo vivir, sin su bello rostro ¿Qué será de mí? Ella lo es todo,
es mi cielo, es mi luz, es mi anhelo, es mi sueño. Con
aquél tono poético característico, Paco se cuestionaba día a día, extrañando a su
bella Lola.
Al cuarto día, ya Paco sin
ánimos, flaco y cansado, vio como volvía la luz, como su querida Lola regresaba
a su hogar. La sonrisa de inmediato se plasmó en su cara, su mundo volvió a
iluminarse al ritmo del contoneo de caderas de su bella. Paco, volvió a vivir.
Aquel caballerito,
desesperado porque llevaba días sin saber de su princesa, planeó una noche
perfecta, en ese parque que era el único testigo de su amor, rodeados de
flores, bajo la tenue luz de la luna, sentados uno frente al otro, mirándose
fijamente… Allí, en esa perfecta e inigualable noche, Paco confesó su amor y su
deseo de permanecer siempre al lado de Lola.
Ella, le respondió con un gran
beso; y fue en esa noche, donde se demostraron su amor.
Así transcurrió el tiempo de
tan hermosa relación, Paco y Lola, todos los días paseaban por aquél bello
parque.
Luego de 2 meses, una gran
noticia llega a casa de Paco, la emoción es indescriptible, corre de inmediato
a casa de Lola, se acerca con mesura a su cama, aquella rosa y felpuda cama…
Allí estaban Lola y sus 4 cachorritos.
Así termina la historia de
Paco, Lola y sus cachorritos, vecinos perrunamente enamorados.
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