- ¡Mierda!
¿Qué hice? - Fueron las palabras de don Pepe tras golpearse con el volante de
su carro Renault 12
Hundido en
el trago, exactamente ron cubano que escondía debajo de su asiento y un tabaco usado
para dejar de pensar en aquel mal de amor que ocasionaba encontrar a la mujer
con la que había compartido los que, según él, fueron los mejores 20 años de
vida, acostada en su cama junto a otro hombre.
Al bajarse
medio mareado por el estruendo del golpe y chorreando sangre por su frente, esa
misma que sintió arder al escuchar un “Mi amor, no es lo que parece”, se fijó
en el ‘bumper’ de su carro, el cual se encontraba en un estado muy similar
al de su corazón, aplastado.
No había en
la carretera más que sangre y una rosa tirada en el andén, la sangre de Rafa
"El Zurdo" Castro, joven de 17 años que militaba en las inferiores
del equipo Tiburón, y una de las promesas del fútbol nacional y una rosa que representaba sus sentimientos.
Todo empezó
el 20 de Octubre, cuando el técnico de las inferiores le dijo a Rafa que un
veedor del equipo Merengue de España iría a observarlo en el siguiente partido,
si le gustaba, tendría la oportunidad de probarse en Europa y militar en el
Viejo Continente.
Rafa era el
hombre de su casa, vivía con su madre y sus dos hermanas pequeñas, su padre
había muerto hace tres años y desde entonces el “Zurdo” se propuso ser el mejor
futbolista en honor a su viejo, quien siempre lo apoyó y convenció a su madre
de dejarlo perseguir su sueño.
Sentada en
la banca del parque, girando el celular entre las manos pendiente de la hora,
estaba Pilar, que horas antes había recibido un mensaje que decía “Cada vez
estoy más cerca de cumplir mis sueños, y tú me acompañarás a realizarlos. Nos
vemos en el parque. Te amo. Rafa.”
Hace ya un
año que Pilar y Rafa salían, ella sentía en él un refugio a muchos problemas
que había en su casa, Rafa no hacía más que llenarla de detalles y sacarles
sonrisas, contarle de sus sueños de jugar en Europa y que ella lo acompañara en
cada partido, soñaban con un futuro juntos. De repente, un fuerte golpe
producido en la otra esquina la trajo de vuelta de sus pensamientos, se
estremeció con la rudeza del impacto y una punzada en el corazón apareció.
En la
reunión con los directivos Tiburones y el representante de los Merengues, se
llegó al acuerdo del fichaje de Rafa “El Zurdo” Correa, iría a prueba por seis
meses con opción de compra; la emoción del joven 10 era impresionante, al salir
de la sala de juntas y estrechar la mano con las partes implicadas, agarró su
celular y buscó a sus dos mujeres, su madre y su novia. Su mamá no pudo
contener las lágrimas en la llamada, el sueño de ver a su hijo triunfando de su
esposo fallecido y de ella ya se hacía realidad; por su parte, prefirió
mandarle un mensaje a su novia y decirle la buena noticia de frente, acompañada
de un gran beso y una rosa.
Pilar
inventó una completa novela para poder evitar las preguntas de su padre, quien
no aprobaba su noviazgo con Rafa, pues el no veía como el fútbol como profesión,
y si era para su “Princesa” la cosa empeoraba.
Rafa iba a
toda marcha, llegaba retrasado a su cita con Pilar 15 minutos. Corría por las
calles, pues sabía que su novia odiaba esperar. Cruzó sin mirar a los lados,
confiado del semáforo en rojo, y allí encontró su destino, que no propiamente
estaba en Europa.
Pepe no
sabía qué hacer, no era capaz de verle la cara al joven a quien le había
destruido su vida, una vida destruida como la suya, una vida si futuro y
destino. Y aún no sabía lo peor…
Pilar
preocupada por el estruendo que había escuchado y por la punzada sentida,
corrió a mirar lo que pasaba, era una sensación indescriptible, avanzaba con el
cuerpo pesado por una fuerza extraña, algo muy raro estaba pasando.
-
¡¡Nooooooooooooooooooooooooooooo!! Junto a su grito, cayó Pilar de rodillas
ante el cuerpo de Rafa, lágrimas en los ojos brotaban sin piedad, el mundo se
le vino encima, sintió que todo lo que la hacía feliz se había esfumado.
Aquel grito lo escuchó Pepe.
Fue el mismo grito que hizo cuando él se dio cuenta que su mujer le era infiel
Al voltear
su cabeza, Pilar ve RGH 483, conocía a la perfección esa placa –Papá, no puedes
ser tú, noooo.
Pepe reconoció en medio de su borrachera la voz de su hija, su “Princesa” gritaba hundiéndose en lágrimas.
Pepe reconoció en medio de su borrachera la voz de su hija, su “Princesa” gritaba hundiéndose en lágrimas.
La vida de Pepe si vino al piso en un día ¿Con qué cara iba a enfrentar en aquella fatídica escena a su hija? ¿Cómo fue capaz de atropellar a un joven que él sabía tenía un gran futuro? ¿Habría muerto? Y su hija ¿Lo perdonaría? ¿Para qué seguir viviendo?
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